En un mundo donde la belleza tiende a estandarizarse, la historia de Sabrina Eléonore se erige como un testimonio de sensibilidad, arte y humanidad. Fundadora de la firma internacional Un Jour Un Regard, Sabrina ha construido un universo estético íntimo y revelador, donde cada rostro recupera su esencia a través de un gesto artesanal, profundamente personalizado y centrado siempre en elevar la belleza natural al margen de modas y estándares.
Todo comenzó con una imagen indeleble: una escena callejera en África donde un hombre, con solo una aguja y carbón, devolvía color a la piel cicatrizada de una mujer marcada por el ácido. Aquel momento, brutal y bello en su compasión, fue la chispa que encendió la vocación de Eleonore. De regreso a Francia, conmovida e inspirada, comenzó un proceso de formación que combinó técnicas artísticas —como el puntillismo del siglo XIX— con una filosofía del cuidado profundamente espiritual.
Pero sería la técnica del bambú, aprendida y perfeccionada tras años de viajes e investigación junto a comunidades tradicionales de Asia y la Polinesia, la que definiría su sello. Sin máquinas, sin automatismos, con la delicadeza de un gesto manual, Sabrina ha elevado la micropigmentación a una forma de arte dermoestético que recupera la armonía facial sin alterar la identidad y preservando la belleza natural.
El primer salón Un Jour Un Regard abrió sus puertas en el distrito de Passy, en París, como un espacio de serenidad y sofisticación. Aquel lugar atrajo discretamente a una clientela selecta: personalidades como Isabel Preysler, Naty Abascal, Nieves Álvarez o Hiba Abouk, que han conectado con la filosofía de Sabrina, una imagen natural y elegante.


Tras el éxito parisino, la expansión internacional llegó de forma orgánica. En Nueva York, un exclusivo salón boutique se instaló en la Quinta Avenida; en Madrid, la firma ha escogido el número 13 de la calle Velázquez, en el corazón del Barrio de Salamanca, para abrir su espacio más reciente. Este último enclave, cálido, íntimo y decorado con líneas puras y materiales nobles, representa a la perfección el equilibrio entre innovación y tradición que define a la marca.
Los tratamientos ofrecidos incluyen desde el microblading pelo a pelo hasta el tinte bicolor de pestañas —especialmente solicitado por clientes masculinos que desean evitar el efecto maquillado—, pasando por servicios de diseño de cejas, lifting, extensiones naturales y depilación definitiva. No obstante, uno de los aspectos más distintivos de Un Jour Un Regard es su apuesta por la micropigmentación paramédica: una especialidad que conjuga precisión médica con sensibilidad artística para reconstruir zonas afectadas por enfermedades o intervenciones quirúrgicas.

Así, Sabrina y su equipo han desarrollado protocolos para la reconstrucción de areolas mamarias en pacientes que han atravesado una mastectomía, técnicas de camuflaje de cicatrices y estrías, y procedimientos avanzados para el tratamiento del vitiligo, entre otros. En cada caso, el objetivo va más allá de lo estético: se trata de un acompañamiento emocional y simbólico en el proceso de recuperación de la propia imagen.
“Cada rostro contiene una historia. Nuestra misión es ayudar a que esa historia se cuente con dignidad, belleza y autenticidad”, afirma Sabrina con la serenidad de quien ha visto cambiar la vida de sus pacientes, no solo sus rostros. Esa misma filosofía se transmite también en su escuela de formación, donde no solo se enseña la técnica, sino una ética del cuidado y el respeto que se ha convertido en la firma de la casa.
La marca ha completado su propuesta con una línea de productos de alta gama —como lápices de cejas con diseño ergonómico y eyeliner de larga duración— pensados para prolongar en casa la sensación de armonía lograda en el salón. Y su influencia no se limita al ámbito íntimo: Un Jour Un Regard ha estado presente en grandes citas internacionales como los Oscars, el Festival de Cannes o la Met Gala, reafirmando su compromiso con una belleza auténtica y natural.
Todo ello sin perder nunca el espíritu que lo inició todo, la convicción de que la belleza auténtica no se impone, se revela.









