Nueva York vuelve a convertirse en capital de la moda. En la antesala del calendario oficial de la New York Fashion Week, Ralph Lauren y Cult Gaia presentaron sus propuestas para Primavera/Verano 2027, dos colecciones de lenguajes aparentemente opuestos que encontraron un inesperado territorio común en el romanticismo, la sensualidad y el valor de la construcción artesanal.
Ralph Lauren regresó a algunos de los códigos que han definido su universo durante décadas para reinterpretarlos desde una perspectiva más libre. Bajo la idea de una visión irreverente del romance, la firma estadounidense articuló una colección en la que la sastrería de inspiración masculina convivió con vestidos fluidos, transparencias y acabados delicados.
El diálogo entre lo masculino y lo femenino recorrió buena parte de la propuesta. Chaquetas estructuradas, pantalones de proporciones generosas, chalecos y corbatas, una referencia inevitable a los orígenes profesionales del diseñador, se combinaron con siluetas más ligeras y sensuales. El blanco y el azul marino dominaron una paleta deliberadamente contenida que trasladó el protagonismo hacia los materiales, las proporciones y el trabajo de superficie.
Denim, seersucker, terciopelo, lamé de seda y detalles de plumas aparecieron tratados desde una óptica sofisticada, confirmando la capacidad de Ralph Lauren para actualizar el imaginario americano sin desprenderse de sus señas de identidad. La colección encontró así su equilibrio entre familiaridad y renovación: prendas reconocibles sometidas a pequeños desplazamientos de escala, textura y actitud.
La elección de un escenario sobrio en Manhattan reforzó esa intención. Frente a la espectacularidad que ha acompañado algunas de sus presentaciones anteriores, esta vez el espacio cedió protagonismo a la ropa y a una idea de lujo más silenciosa. Entre los invitados figuraron nombres como Viola Davis, Cynthia Erivo, Elizabeth Debicki y Rachel Brosnahan.
A pocos kilómetros de distancia conceptual, Cult Gaia apostó por una narrativa mucho más exuberante. Jasmin Larian Hekmat presentó “Behesht”, término persa que puede traducirse como “paraíso”, una colección concebida a partir de una experiencia personal de pérdida y de la búsqueda de belleza que sucede al duelo.
La evolución emocional encontró una traducción directa sobre la pasarela. Los primeros looks recurrieron a marrones, verdes profundos y tonalidades naturales, acompañados por superficies trenzadas, volúmenes relajados y sombreros escultóricos. Progresivamente, el color fue conquistando la colección hasta desembocar en rojos intensos, rosas, azul celeste y verdes suaves.



También cambió el comportamiento de las prendas. Los materiales adquirieron movimiento mediante largos flecos, volantes, pétalos y elementos suspendidos que transformaban las siluetas con cada paso. Los vestidos más elaborados llevaron al extremo una característica recurrente del vocabulario de Cult Gaia, convertir el cuerpo en soporte para objetos que se encuentran a medio camino entre la moda, la artesanía y la escultura.



La naturaleza estuvo presente sin recurrir únicamente al estampado. Flores tridimensionales, construcciones que evocaban fibras vegetales y accesorios de apariencia artesanal trasladaron esa referencia a la propia estructura de las piezas. El resultado fue una colección de fuerte impacto visual en la que la decoración funcionó también como método constructivo.
Pese a sus diferencias, las propuestas de Ralph Lauren y Cult Gaia dejaron varios puntos de encuentro. Ambas recuperaron la textura, el gesto artesanal y el movimiento como recursos frente a una concepción excesivamente austera del lujo. Las flores aparecieron como motivo recurrente, mientras la exposición del cuerpo y la relajación de determinadas siluetas aportaron una sensualidad alejada de la rigidez.
Sobre todo, las dos casas abordaron el romanticismo desde lugares diferentes. Ralph Lauren lo hizo desde la continuidad, la memoria y la revisión de un vocabulario construido durante más de medio siglo. Cult Gaia, desde la transformación y el tránsito entre oscuridad y luminosidad.
Dos aproximaciones distintas que, en el inicio de la temporada neoyorquina, apuntan hacia una misma dirección, un lujo Primavera/Verano 2027 menos dependiente de la ostentación y más interesado en la emoción, la materia y el oficio.








