Barcelona rinde homenaje a uno de los artistas más emblemáticos del siglo XX con la mayor exposición de Fernando Botero jamás realizada en España. En el majestuoso entorno del Palau Martorell, la muestra «Fernando Botero: un maestro universal», comisariada por Lina Botero y Cristina Carrillo de Albornoz, revela la versatilidad del maestro colombiano a través de más de 110 obras inéditas y emblemáticas que recorren su fascinación por la historia del arte, su amor por Latinoamérica y su compromiso con la denuncia social. Conversamos con las dos comisarias para conocer los detalles detrás de esta exhibición irrepetible.



Lina Botero, comisaria e hija del artista
La exposición en el Palau Martorell no solo es la más grande sobre su obra en España, sino que también es la primera de gran importancia en Barcelona. ¿Qué significa para ti traer el universo de tu padre a esta ciudad y qué esperas que el público descubra en esta muestra?
Este será un primer encuentro del público de Barcelona con la obra de Fernando Botero, y es una ocasión extraordinaria de celebrar lo que fue la relación de mi padre con España, un país que jugó un papel fundamental para su obra. No solamente porque su primer encuentro con las grandes obras maestras de la historia del arte se produjo aquí, tanto en Barcelona, recién bajado del barco desde Colombia con apenas 19 años de edad, cuando vio su primera obra de Picasso, como el año que pasó en Madrid, cuando se inscribió en la Academia de San Fernando. Allí, entendió que aprendería más copiando las obras de los grandes maestros en el Museo del Prado que en las aulas. España fue muy importante para mi padre, especialmente en uno de sus temas más importantes en su producción artística: la tauromaquia. Mi padre era un gran aficionado taurino y encontró en este tema una infinidad de posibilidades de composición, luz, color y paleta, que pudo transformar con su estilo único en una visión diferente de la tauromaquia.
También quiero destacar que esta exposición resalta la riqueza y diversidad de técnicas con las que trabajó Fernando Botero a lo largo de su carrera. Será una oportunidad única para que el público explore y se encuentre con esta riqueza artística, con salas dedicadas al pastel, acuarela, óleos y sus temáticas más importantes.
Entre las más de 110 obras de la muestra, hay piezas inéditas como La Menina, según Velázquez y Homenaje a Mantegna. ¿Cómo ha sido el proceso de selección y qué historias hay detrás de estas piezas tan especiales?
Hay varias obras inéditas en esta exposición, lo que la hace aún más especial. Una de ellas es La Menina, según Velázquez, un tema predilecto de mi padre que trabajó muchas veces. En esta ocasión en particular, acababa de descubrir un manuscrito de Velázquez donde el maestro describía su forma de pintar, su pincelada, su paleta de colores. Como ejercicio, mi padre decidió pintar este cuadro siguiendo las indicaciones de Velázquez. El resultado es una obra maravillosa, pero él nunca quiso ni firmarla ni exponerla, porque decía que tenía más de Velázquez que de Botero. Permaneció colgada en su estudio toda su vida.


Otra pieza inédita es Homenaje a Mantegna, un cuadro pintado en 1958 con el que ganó el premio del Salón Nacional de Artistas en esa época. Se vendió y se perdió su rastro hasta que, a comienzos del año pasado, la Casa de Subastas Christie’s nos informó que lo habían encontrado en una colección privada en EE.UU. Gracias a la generosidad del coleccionista, la obra pudo ser prestada para la exposición en Roma y ahora en Barcelona. También se exhibe un retrato de Pedrito, un pastel de una delicadeza y amor impresionante que mi padre guardó en un depósito en Nueva York por más de 40 años sin mirarlo tras la muerte de Pedrito. Esta es la primera vez que el público lo ve en Barcelona.
Su padre siempre destacó la importancia del volumen como su lenguaje artístico personal. ¿Cómo crees que su experimentación con distintas técnicas—desde la escultura hasta la acuarela—potencia esa visión y se refleja en esta exposición?
El volumen fue el sello distintivo de Fernando Botero, y su exploración en diversas técnicas solo reforzó su manera de concebir el arte. Desde sus primeras acuarelas hasta sus monumentales esculturas, cada medio le permitía expandir su lenguaje visual. En sus pinturas, el volumen aporta una presencia casi tangible a los personajes y objetos; en la escultura, cobra vida tridimensional. Esta muestra en el Palau Martorell es un reflejo de esa exploración, donde cada técnica empleada demuestra cómo Botero logró traducir su visión en un estilo universal.
Cristina Carrillo de Albornoz, comisaria y experta en la obra de Botero
Botero llegó a España con 20 años y encontró en Velázquez, Goya y Tiziano a sus grandes maestros. ¿Cómo influyó esa conexión con la tradición europea en la evolución de su estilo?
La conexión con la tradición europea fue clave para su desarrollo artístico. Cuando estaba en Colombia, el crítico Walter Engel le recomendó viajar a Europa para encontrar su camino. Una vez en España, se dio cuenta de que no aprendería tanto en las academias de arte como copiando a los grandes maestros en el Museo del Prado. Allí estudió a Velázquez, Tiziano y Goya, entendiendo la excelencia de la pintura. En Italia, se sumergió en el arte renacentista y descubrió la importancia del volumen en la obra de Piero della Francesca, Masaccio y Mantegna. Esta exploración le permitió transformar el volumen renacentista en un estilo propio del siglo XX, convirtiéndose en un «maestro clásico moderno«.

La exposición destaca la increíble versatilidad de Botero, desde óleos hasta dibujos y esculturas. ¿Cómo crees que esta diversidad técnica contribuye a la fuerza y universalidad de su obra?
Fernando Botero es mundialmente conocido por sus grandes óleos y esculturas monumentales, pero exploró todas las técnicas: dibujo, acuarela, sanguina, pastel. Para él, el dibujo era la base de toda la pintura y esta maestría técnica le dio a su obra una profundidad y expresividad inigualables. La diversidad técnica refuerza su mensaje artístico y lo hace accesible y universal.
Aunque siempre defendió que «el arte debe producir placer«, Botero también abordó temas de denuncia como la violencia en Colombia y Abu Ghraib. ¿Cómo conviven en su obra la belleza y la crítica social, y qué impacto crees que generan en el espectador?
Botero siempre buscó la belleza y el placer en el arte, pero también sintió la necesidad de denunciar las atrocidades de su tiempo. En su serie sobre la violencia en Colombia y en Abu Ghraib, su intención era dejar testimonio para que la historia no olvidara. Su obra sobre Abu Ghraib surgió tras ver las imágenes en el New York Times, sintiendo un profundo impacto. Produjo una serie de dibujos para condenar estos actos, como un mensaje para futuras generaciones. Con su donación a Colombia, quiso demostrar que el país no debía ser solo asociado a la violencia, sino también a la cultura y la paz.
¿Cómo ha sido trabajar juntas en este proyecto y qué ha aportado cada una para hacer posible esta exposición única?
Lina Botero: Realmente, esta es la cuarta exposición que hacemos conjuntamente con Cristina Carrillo de Albornoz y siento que ya no podríamos trabajar si no es juntas, porque ha sido un placer absoluto, nos complementamos de manera casi orgánica. No es, te toca a ti esto, me toca a mí lo otro, sino realmente nos complementamos en muchos sentidos y ha sido un placer trabajar con Cristina.
Y, Cristina, ¿tú qué opinas?
Cristina Carrillo de Albornoz: Bueno, yo no podía estar más de acuerdo. Lina, además de toda su carrera profesional que tuvo un éxito enorme, trabajó los últimos 15 años con su padre, con lo cual ella es una experta maravillosa de la obra, no por ser su hija, que esto hay que recalcarlo, sino porque es una gran experta, que ha hecho una investigación profundísima de la obra y, además, con su padre, es decir, sabía exactamente lo que quería su padre, algo que es fundamental, porque ella es la heredera natural del pensamiento y de la obra de su padre. Y, además, está investigando en toda la obra que dejó, sigue investigando en el legado, trabajar con ella es extraordinario. Para mí una maravilla, un regalo y un honor.









