María Cortés presenta en Madrid La Travesía del Leopardo, una nueva exposición que podrá visitarse hasta el 28 de mayo de 2026 en The Robin Blue House, en la calle Justiniano, 3. La muestra reúne ocho pinturas realizadas entre 2024 y 2026 y propone un recorrido pictórico por paisajes donde lo visible se abre a una dimensión más íntima: la del recuerdo, la intuición y la contemplación.
En esta serie, el leopardo aparece como una presencia silenciosa. A veces visible, otras apenas insinuado, no funciona como un animal literal, sino como símbolo de una energía interior que irrumpe en espacios de aparente calma. Pistas de tenis, piscinas, terrazas, lagos y arquitecturas se convierten en escenarios suspendidos entre lo cotidiano y lo onírico, donde la naturaleza dialoga con la arquitectura y lo salvaje entra en el ámbito de lo doméstico.
La obra de Cortés parte de una mirada pausada, casi meditativa. Sus imágenes no nacen de una planificación rígida, sino de una sensación que permanece y madura antes de llegar al lienzo. “Necesito que la imagen permanezca conmigo durante un tiempo. Casi siempre nace de una sensación interior: una luz, un paisaje, un color o una emoción que aparece de manera muy intuitiva”, explica la artista.


Esa dimensión introspectiva atraviesa toda la exposición. Para Cortés, el proceso creativo está estrechamente vinculado a la meditación y a una forma de escucha interior. “Utilizo mucho la meditación en mi proceso creativo y, para mí, pintar es una forma de conexión con algo más profundo. La pintura me da paz; es un espacio de silencio y contemplación donde puedo transformar emociones y recuerdos en atmósferas”, señala.
En sus lienzos, la acción queda contenida y la presencia adquiere todo el protagonismo. La artista evita la explicación inmediata y busca que cada obra conserve una zona de misterio. “Cuando empiezo a pintar entro casi en un estado meditativo. Ahí la obra empieza a revelarse poco a poco, de manera muy orgánica. Nunca me interesa explicarlo todo de inmediato; prefiero que el cuadro conserve misterio y permita al espectador entrar en él desde su propia sensibilidad”, afirma.
El color ocupa un lugar central en su lenguaje plástico. Más que una herramienta estética, Cortés lo entiende como una forma de emoción y de energía. “Muchas veces empiezo un cuadro precisamente a partir de una combinación de colores que me provoca una sensación determinada antes incluso de pensar en la composición”, apunta. Lavandas suaves, amarillos mantequilla, azules acuosos y rosas coral construyen atmósferas de calma, deseo, misterio y tiempo suspendido.
A través del color, la artista transforma el paisaje en una experiencia emocional. “Me interesa la capacidad que tiene el color para transformar un paisaje en un estado interior. A través de él intento crear atmósferas que transmitan calma, misterio, deseo o incluso cierta sensación de suspensión en el tiempo”, explica Cortés. Esa vibración cromática, entre intuitiva y espiritual, se convierte en una de las claves de la muestra.
Obras como La pantera y la pista de tenis, La luna rosa y el leopardo, El leopardo y la piscina, Off the Wall, Come Closer, Slowly u On the Wall plantean un desplazamiento que no es geográfico, sino sensorial. La travesía avanza desde el exterior hacia el interior, desde lo visible hacia lo sugerido. En La pantera y la pista de tenis, la geometría del juego convive con la presencia fluida del animal; en El leopardo y la piscina, el agua funciona como umbral entre naturaleza y arquitectura; y en On the Wall, lo salvaje entra finalmente en el espacio doméstico.
Procedente de una familia vinculada al arte y las antigüedades, María Cortés ha crecido rodeada de objetos con historia. Esa herencia visual ha marcado profundamente su manera de entender la belleza. “Desde muy pequeña aprendí a observar la belleza no solo en las grandes obras, sino también en los detalles: una pátina, una luz, una composición o la sensibilidad que transmite un objeto antiguo”, recuerda.
Aunque su lenguaje pictórico es contemporáneo, esa memoria estética permanece en sus cuadros a través de una búsqueda de armonía, emoción y atemporalidad. “Creo que me ha dado una relación muy intuitiva con la armonía, el color y la contemplación, pero también un gran respeto por la sensibilidad y la emoción que puede contener una obra”, añade la artista.
Nacida en Madrid en 1972, María Cortés cuenta con una trayectoria ligada al arte desde distintos ámbitos. Cofundadora de la revista MAS ARTE, vinculada a galerías internacionales como Coll & Cortés y Colnaghi, y al frente de María Cortés Fine Art Consultancy, ha desarrollado una sensibilidad visual refinada que se traslada a una pintura serena, simbólica y profundamente emocional. Sus obras forman parte de colecciones privadas en España, Estados Unidos, Brasil, Puerto Rico y República Dominicana.
Con La Travesía del Leopardo, Cortés consolida un universo pictórico en el que el paisaje deja de ser un lugar exterior para convertirse en territorio interior. Una exposición concebida como una invitación a mirar despacio, a detenerse ante la belleza y a reconocer, en la quietud de cada escena, la fuerza silenciosa de la intuición.









