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Vacheron Constantin dibuja el tiempo bajo el signo de la cabra

El grabado a mano y el esmalte convierten la esfera en un pequeño paisaje en las nuevas creaciones Métiers d’Art dedicadas al Año de la Cabra. Dos ediciones que enlazan la tradición del zodiaco chino con la delicadeza de los oficios artesanos.

Una cabra se alza sobre una roca, rodeada de un paisaje de follaje y colores que se oscurecen suavemente hacia los bordes. La escena tiene algo de pintura soñada, aunque el relieve del animal le concede una presencia casi tangible. En esta miniatura de Vacheron Constantin, la mirada se detiene en los cuernos, en el dibujo del pelaje y en las pequeñas variaciones del esmalte antes de buscar la hora.

La composición da forma a las nuevas piezas de la serie Métiers d’Art La Leyenda del Zodiaco Chino, dedicadas al Año de la Cabra, que comenzará con el año nuevo lunar de febrero de 2027. Asociado a la sensibilidad, la dulzura y la buena fortuna, el animal aparece aquí con una serenidad que también sugiere firmeza. Su figura ocupa el centro de dos versiones, con cajas de 40 milímetros en oro rosa o platino, limitadas a veinticinco ejemplares cada una.

El vínculo que sostiene este homenaje se remonta al siglo XIX. Los archivos de la manufactura registran el envío de treinta y tres pares de relojes a Cantón en 1846, inicio de una relación en la que la riqueza decorativa y la complejidad mecánica encontraron un interés compartido. Aquellas piezas, a menudo concebidas por parejas, incorporaban grabados, esmaltes y piedras preciosas. En las creaciones actuales, esa herencia continúa a través del trabajo paciente de los artesanos.

La cabra y la roca se esculpen en oro blanco o rosa, según la versión, antes de recibir los detalles del grabado en relieve. El pelaje adquiere textura; los cuernos, contorno; la superficie, matices que se acentúan con una pátina aplicada a mano y pequeños toques de esmalte. Solo la elaboración de este motivo requiere tres días de trabajo.

El paisaje que lo rodea se construye con otra cadencia. Sobre la esfera, el esmalte Grand Feu crea un degradado de color, mientras la pintura en miniatura define el follaje. Las capas se aplican con un pincel muy fino y pasan por cocciones a más de 800 grados, repetidas hasta alcanzar la intensidad buscada. El proceso ocupa dos semanas y deja un fondo cuya profundidad acompaña el volumen de la figura.

Para preservar la escena, la lectura del tiempo se desplaza hacia los márgenes. El calibre automático 2460 G4 prescinde de las agujas convencionales y muestra las horas, los minutos, el día y la fecha mediante cuatro ventanas. La mecánica deja así libre el centro de la esfera, permitiendo que el paisaje conserve su continuidad. Al dar la vuelta al reloj, el fondo de zafiro revela una segunda composición: la masa oscilante calada de oro amarillo de 22 quilates, con su cruz de Malta pulida, y los acabados del movimiento. En ambas caras permanece la huella de un trabajo minucioso. El tiempo se lee en las ventanas, pero también en los días que hicieron falta para dar forma a cada detalle.

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