The Beauty Concept reúne la inspiración del bosque japonés y la cosmética suiza en su propuesta navideña para el spa del hotel. Dos formas de acercarse al cuidado personal durante los meses fríos.
Diciembre se acerca y Madrid se va llenando de encuentros y celebraciones, y entre una cita y la siguiente apenas queda tiempo para uno mismo. A unos pasos del Prado, el spa de Mandarin Oriental Ritz, Madrid ofrece un lugar donde hacer una pausa. Allí, The Beauty Concept acompaña el invierno con dos rituales que llevan de los aromas del bosque japonés al cuidado facial con cosmética suiza, mientras la ciudad continúa al otro lado.
Sus dos rituales, Forest Therapy y Swiss Cell Spa, parten de referencias distintas: la naturaleza japonesa y la cosmética suiza. Ambos duran noventa minutos y se adaptan a las necesidades de quien los recibe, con un trabajo de los terapeutas que concede protagonismo al tacto y a la atención individual.
La pimienta rosa, el ciprés y la madera de Ho ponen aroma a un bosque imaginado. Esa evocación acompaña el contacto de las manos sobre el cuerpo y da forma a Forest Therapy, un ritual inspirado en el shinrin-yoku japonés. A lo largo de la sesión, los aromas y las técnicas manuales invitan a centrar la atención en las sensaciones, dejando por un momento al margen los preparativos de diciembre.


El cuidado del rostro encuentra su espacio en Swiss Cell Spa, donde las fórmulas de la firma suiza Cellcosmet se seleccionan según las necesidades de cada piel. La hidratación, la luminosidad y el confort orientan el trabajo de los terapeutas, mientras las texturas y los gestos construyen una experiencia que concede tiempo a aquello que la rutina suele resolver con prisa.


Más allá de la cabina, el agua mantiene ese hilo de calma. La piscina interior climatizada, la piscina de vitalidad, las duchas de sensaciones y la sala de vapor dibujan otros espacios donde detenerse. Madrid sigue cerca, a unos pasos del Prado, aunque entre el agua y el calor resulte fácil dejar de pensar en la siguiente cita. La posibilidad de regalar ambos rituales mediante una tarjeta añade una dimensión afectiva a la propuesta. Quizá sea una manera de decirle a alguien que se tome ese descanso que siempre aplaza, de reservarle un momento que le pertenezca por completo. Después llegará la hora de abrigarse y volver a la calle, donde diciembre seguirá con sus luces y sus encuentros.








