La arquitectura de dAAr y el interiorismo de Studio i|b|u encuentran en el paisaje mediterráneo el punto de partida de unas villas donde la luz, las texturas y la apertura al exterior acompañan la vida cotidiana.
La luz cambia una casa a lo largo del día. Al entrar por la mañana, descubre un relieve, alcanza un rincón y dibuja sobre el suelo una geometría que unas horas después habrá desaparecido. Hacia la tarde, suaviza los colores y modifica la profundidad de las estancias. En el sur, esa presencia tiene algo de compañía: nos acostumbra a mirar hacia fuera, a abrir las puertas, a prolongar una conversación mientras el horizonte pierde claridad.
Fairmont Residences La Hacienda nace de esa relación con el entorno. Situadas en la Costa del Sol, entre el Mediterráneo y el golf, sus villas hacen del paisaje una referencia constante. El mar, la amplitud de las vistas y la luminosidad del enclave intervienen en la concepción de unas viviendas pensadas para vivir en contacto con el exterior.



El proyecto arquitectónico, desarrollado por dAAr Arquitectura, parte de una lectura del terreno y de sus posibilidades. La integración de las villas, su orientación y la relación entre los espacios buscan que cada vivienda encuentre su lugar en el conjunto. Hay una intención de continuidad que permite percibir el paisaje desde dentro y sentir cómo su presencia acompaña los gestos más sencillos de la vida doméstica.
Esa idea se expresa en la amplitud de las estancias y en su apertura al horizonte. La mirada puede recorrer el interior y continuar hacia fuera, enlazando la escala íntima de la casa con la extensión del entorno. Desayunar frente al mar o detenerse unos minutos a observar la luz anaranjada del atardecer adquieren aquí un sentido arquitectónico.



Studio i|b|u lleva esa misma atención al interiorismo. Su propuesta se articula a través de materiales nobles, texturas cuidadas y una paleta de tonos neutros que recoge la luminosidad del entorno.
Las texturas cobran especial importancia dentro de ese lenguaje contenido. Invitan a acercarse, a reconocer los matices que aparecen cuando se observa un espacio con calma.
Todo cobra sentido creando un hogar donde arquitectura e interiorismo comparten una misma sensibilidad, dando forma a espacios cálidos y abiertos al paisaje, en los que la luz del sur encuentra su refugio.









