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Moretti: la vida de una casa empieza en su cocina

En una vivienda de Puerta de Hierro, una cocina en burdeos ultramate se convierte en el lugar donde una familia se encuentra cada día. Un proyecto de Moretti en el que las decisiones de diseño nacen de la forma de habitar el espacio.

Hay estancias que terminan reuniendo a todos sin necesidad de llamar a nadie, estancias que son tan cotidianas y a la vez tan importantes para la vida de cada uno. Basta con que alguien empiece a preparar la comida, abra el ordenador o se siente un momento para que, poco a poco, la casa encuentre allí su centro. La cocina, un espacio que tiene esa capacidad de acoger lo previsto y lo espontáneo: un desayuno, una tarea pendiente, una conversación que se alarga mientras se recoge la mesa.

En el piso de Adrián, en Puerta de Hierro, esa vida compartida fue el punto de partida del proyecto. La cocina debía acompañar el ritmo de una familia con tres niñas y ofrecer espacio para las muchas cosas que suceden alrededor de la comida. Moretti dio forma a esa idea mediante una distribución práctica y una elección de acabados que aporta carácter a la vivienda.

Vinculada al comedor y en relación fluida con el salón, la estancia conserva su propia identidad. El paso entre los ambientes permite que las actividades se sucedan con naturalidad y que la cocina participe de la vida común.

La isla es el punto de unión de buena parte de esa dinámica. Las tres niñas se sientan en ella habitualmente, convirtiéndola en un lugar de encuentro que cambia de función a lo largo del día. Su importancia se entiende a través de esos gestos repetidos que terminan dando sentido a una casa. «Para nosotros es el núcleo de la casa», explica Adrián. Una frase sencilla que resume la intención del proyecto mejor que cualquier descripción formal.

La personalidad de la cocina se reconoce en el burdeos, un tono profundo al que el acabado ultramate aporta una presencia suave y contenida. La combinación introduce calidez y define el conjunto con una elección de color que se trabajó atendiendo a las condiciones de la vivienda.

Adrián tenía claro el tono que buscaba, aunque necesitaba verlo bajo la luz que lo acompañaría cada día. Elegir un color para una casa tiene algo de anticipar la vida que vendrá. Hay que imaginarlo en las mañanas habituales, durante una comida familiar o al regresar después de un día largo. Es la personalidad del hogar y un reflejo de quien lo habita.

La misma atención se trasladó a los aspectos más prácticos y a los detalles menos visibles. Una nevera y un congelador independientes, ambos de gran capacidad, responden a las necesidades de una familia de cinco.

El resultado encuentra su expresión más cercana alrededor de la isla. Allí, entre comidas y actividades cotidianas, la cocina adquiere una historia propia.

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