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Vacheron Constantin convierte la esfera del reloj en un territorio para la artesanía contemporánea

La Maison reúne a seis artistas en Métiers d’Art Tribute to the Animal Kingdom, una serie de relojes conceptuales donde plumas, vidrio, papel, oro y madera trasladan el reino animal a una escala extraordinariamente pequeña

Hay relojes concebidos para medir el tiempo y otros en los que la mecánica sirve, además, de soporte para disciplinas artísticas que rara vez encuentran su lugar en una esfera. Esta segunda idea articula Métiers d’Art Tribute to the Animal Kingdom, el nuevo proyecto de Vacheron Constantin dentro de su programa de artesanía «One of Not Many». La propuesta reúne seis relojes conceptuales y seis oficios que, en buena medida, proceden de universos ajenos a la relojería tradicional.

El punto de partida es tan sencillo como exigente: invitar a seis artesanos a trasladar sus respectivas especialidades a las dimensiones de un reloj plenamente funcional. Bordado de oro, arte plumario, marquetería de madera, escultura en vidrio, escultura en papel y micropapiroflexia conforman un repertorio poco habitual en la Alta Relojería. El reino animal actúa como nexo entre las seis creaciones.

La escala es, precisamente, uno de los elementos que define el proyecto. Las piezas se desarrollan en cajas de 42 milímetros y los artistas han tenido que trabajar con un margen de no más de cuatro milímetros entre la esfera y el cristal de zafiro. Técnicas concebidas habitualmente para superficies y volúmenes mayores han requerido años de investigación, prototipos, nuevas herramientas y una reconsideración de los propios gestos artesanales.

El resultado oscila entre lo escultórico y lo casi imperceptible. Una serpiente, por ejemplo, está formada por más de 200 diminutos fragmentos procedentes de siete plumas de faisán monal. Su ejecución obligó a desarrollar un microbisturí a partir de una aguja y requirió alrededor de 250 horas entre investigación y elaboración de prototipos. El ojo, realizado en oro de 18 quilates y esmalte, introduce deliberadamente un elemento relojero en una composición dominada por la textura y la iridiscencia de las plumas.

En otra de las piezas, un halcón emerge mediante marquetería tridimensional realizada con doce especies distintas de madera. Tres técnicas diferentes construyen la profundidad de la composición, incluida una aplicación «pluma a pluma» desarrollada específicamente para el ala. A semejante escala, las herramientas convencionales de carpintería dejan de resultar útiles: bisturíes, fragmentos microscópicos de carburo e instrumentos de lijado creados a medida ocupan su lugar.

La colección explora también materiales cuya fragilidad parece, en principio, incompatible con la precisión relojera. El vidrio se convierte en un pulpo transparente esculpido a mano; el papel japonés, en seis mantas raya de micropapiroflexia suspendidas a diferentes alturas; y el papel de algodón blanco adquiere volumen hasta configurar un cocodrilo y su paisaje. A ellos se suma un tigre ejecutado mediante bordado con hilos de oro y seda, otra disciplina llevada hasta dimensiones microscópicas.

Más allá de su diversidad estética, los seis relojes comparten una misma arquitectura mecánica. Vacheron Constantin ha recurrido al Calibre 2460 G4, un movimiento automático cuyas indicaciones de horas, minutos, día de la semana y fecha aparecen en cuatro pequeñas aberturas periféricas. Al liberar el centro de la esfera de agujas e índices convencionales, prácticamente toda su superficie queda disponible para la intervención artística.

Esa elección resume quizá mejor que ninguna otra el planteamiento de Tribute to the Animal Kingdom: la técnica relojera no desaparece, sino que se retira visualmente para dejar espacio al oficio. Incluso la masa oscilante, realizada en oro de 22 quilates y grabada a mano con motivos inspirados en las herramientas de los artesanos, establece un vínculo entre la mecánica y quienes han intervenido en cada creación.

La iniciativa se inscribe, además, en una tradición que Vacheron Constantin cultiva desde hace siglos. Fundada en 1755, la manufactura conserva internamente oficios como el guilloché, el grabado, el esmaltado y el engaste. Con «One of Not Many», sin embargo, el planteamiento se desplaza hacia disciplinas externas al vocabulario relojero habitual y hacia la colaboración con creadores independientes.

En un sector en el que la excelencia suele expresarse mediante complicaciones, materiales preciosos o acabados manuales, Métiers d’Art Tribute to the Animal Kingdom propone otra lectura del lujo: la del tiempo invertido en dominar lo minúsculo y en hacer posible, a escala de muñeca, aquello que hasta ahora pertenecía a otros territorios de la creación.

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